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Opiniones y Editorial

Atrapado (2)



POR PEDRO P. YERMENOS FORASTIERI
La institucionalidad dominicana se extiende hasta donde lo permiten los caprichos del príncipe que la manipula al compás de sus humores. Así ha sido desde tiempos remotos y aflige confirmar la vigencia dramática de tal anacronismo. El simple traslado de una simbólica elefanta a su nuevo hogar, requirió el remolque de la orden expresa del jefe del Estado.

Esa anómala circunstancia impide que el fenómeno de la reelección presidencial sea, entre nosotros, evaluado con idénticos raseros de otras latitudes.

La permisividad ilimitada colocada en las mágicas manos del que intenta continuar en las riendas del poder, torna imposible estructurar un escenario de equidad en las oportunidades de competir. A eso habría que adicionar las limitaciones resultantes del bajo nivel educativo de las mayorías, impedidas de discernir sobre los males que para el país han significado los intentos de perpetuación desde la poltrona asentada en el palacio nacional.

Siendo así, a la población dominicana no le resulta fácil valorar los beneficios de la alternabilidad en la conducción de sus destinos y tiende a preferir convertir a individualidades en seres imprescindibles para su supervivencia, lo cual traza una ruta antagónica con la institucionalidad. Eso se expresa incluso en el interior de las organizaciones partidarias, las cuales se agrupan alrededor de figuras consideradas como insustituibles, cercenando las posibilidades de surgimiento de liderazgos alternativos.

Nuestra historia es rica en ejemplos de lo difícil que resulta superar modelos de dirección de esa naturaleza. Bastaría, en la contemporaneidad, recordar los casos de Bosch, Balaguer y Peña Gómez. “Lo que diga Peña es lo que va”. “Balaguer hasta que respire”. “Bosch es el guía, el PLD la vía”. De una u otra forma, en esta o aquella vertiente, sus partidos están padeciendo lo efectos perniciosos que se presentan cuando el niño dependiente queda huérfano de súbito.

La sorpresa la ha constituido el PLD, donde resultaba inimaginable que la transición posterior a Don Juan iba a caracterizarse por la instauración de un liderazgo de idénticas características en lo que concierne al autoritarismo y al mesianismo. Hoy, resulta difícil suponer una contienda en ese partido donde se enfrente al tipo de líder en que los peledeístas han convertido a su presidente.

Es incongruente que una entidad fundada a partir de la primacía del organismo sobre la individualidad, en la que servir al partido era la forma de servir al pueblo, haya devenido en un conglomerado aniquilado en su potencialidad colectiva para someterse a la convicción de que sólo uno de ellos está provisto de la indelegable condición de la representación. Olvidan el efecto letal a mediano y largo plazo para la organización que ese desaguisado supone. Desde ya, eso ha implicado que luzca irremisiblemente perdida una cantera de dirigentes a quienes se les valoraba con la aptitud requerida para asegurar un largo proceso de alternancia en el poder.

Es inútil alegar que la prohibición constitucional es un valladar que evita la ocurrencia de ese riesgo, porque si algo tenemos claro a estos niveles de las sorpresas nacionales, es que la eliminación de un obstáculo así se logra con mayor facilidad que lanzar al aire un pétalo de flor.

No son pocos los que comprenderán, a partir del 16 de agosto, la magnitud de la tragedia a la cual contribuyeron, si el proyecto reeleccionista, como parece, termina imponiéndose, igual que siempre, impulsado por un descomunal despilfarro del patrimonio público. Quizás no les alcancen las lágrimas para apaciguar sus remordimientos.

En la siguiente entrega veremos cómo, las demás posibilidades del próximo certamen, no hacen más que confirmar que este pobre país, después de ese carnaval, continuará atrapado.

yermenossantos@codetel.net.do

PULSACIONES





POR RADHAMÉS GÓMEZ PEPÍN
Repito lo que he dicho y escrito otras veces: el licenciado Amable Aristy Castro no ganará las elecciones del 16 de mayo y, a lo sumo, terminará en tercer lugar.

Al decir esto no es con intención de disputarle a Colón el título de Descubridor de América -que definitivamente se ha demostrado que no lo merece- sino porque eso mismo es lo que dicen todas las famosas y menos famosas encuestas hechas o fabricadas en República Dominicana, que no es lo mismo.

Aristy ha dicho que si está en tercera, con cualquier toquecito anotará en carrera, para recordar algo que ya había proclamado el doctor Joaquín Balaguer cuando lo colocaron en el mismo lugar y luego ganó. Hablo de 1986.

Pero no quiero tratar ahora sobre las posibilidades electorales de Amable, sino de un aspecto de su personalidad en el que aventaja posiblemente a todos los candidatos en pugna. Me refiero a su franqueza.

Esa franqueza de Amable a veces luce ingenua, aunque no me parece que él lo sea. Por ejemplo, al inicio de su campaña Amable comenzó abiertamene a regalar pollos, puercos, salamí y dinero. En seguida vinieron las censuras, los decires de que se trataba de una humillación a los pobres.

Sin embargo, no tardó tiempo sin que desde bandos opuestos comenzaran a dar dinero, pero por debajo de la mesa, a comprar conciencias y hacer promesas de más dinero en caso de ganar.

Amable no le hizo caso y nadie puede negar que atrae público en cada una de sus actividades públicas, porque las privadas laa hace más discretamente, por ejemplo cuando en la Plaza de la Salud o en otra clínica costea cualquier tipo de intervención para salvar una vida o, al menos, hacerla más llevadera.

Un día se publica una fotografía de Amable junto a su familia besando el cuadro de la Virgen de la Altagracia en Higüey, de la que se define fiel devoto.

Despectivamente le llaman "el beato Amable", pero otros siguen su ejemplo con el mismo despliegue publicitario, aunque dudo que con la misma sinceridad, si hablamos de sinceridad.

Imposible pasar por alto que también se le censuró el hecho de que llevara fotógrafo y camarógrafo en su helicóptero cuando realizó el rescate de varias personaa incomunicadas en techos de árboles como consecuencia de uno de los disturbios atmosféricos de hace pocos meses.

Todavía no se ha dicho quién debía rescatar esas personas y por qué no lo había hecho antes de que llegaran Amable y su gente.

Conocido este mini balance debe admitirse que más que un hombre de verbo encendido o bellas palabras Amable es un hombre de acción, pragmático.

Claro que no voy a botar por él en mayo, porque no me gusta perder. Pero me satisface haber conocido a un hombre de sus condiciones, sin ínfulas de santidad ni nada de eso.

Un hombre de carne y hueso. Con los pies en la tierra.

Educar, compromiso ético


Prestarle a la educación una atención por debajo de la requerida, sobre todo a la de niños de escasos recursos, es dejar de asumir la responsabilidad ética que tiene la sociedad dominicana con este segmento en estado de vulnerabilidad

Por Radhamés Mejía / El Caribe

Martes 8 de abril del 2008 actualizado a las 12:27 AM

Cada día, desde las 7 a.m., cerca de dos y medio millones de niños, niñas y jóvenes salen de sus hogares para asistir a nuestras escuelas. La mayoría, alrededor de un 80%, asiste a escuelas públicas.

Son los hijos e hijas de las familias más pobres de nuestro país. Cada mañana, sus familiares depositan en la escuela la esperanza de encontrar allí lo que necesitan para salir adelante en una sociedad cada vez más compleja.

Estudios realizados muestran que una educación de calidad representa retornos económicos más elevados para los jóvenes que logran tener acceso a este tipo de educación; también indican que para funcionar democráticamente, con niveles de participación y cohesión social mínimos que garanticen una convivencia aceptable, la sociedad depende, en gran medida, de los niveles de educación de su población.

Todo esto debe motivarnos a sentir y asumir un compromiso moral con estos niños y niñas, proporcionándoles una educación de calidad como única vía de lograr que los más pobres superen sus penurias.

El hecho, ya repetido hasta la saciedad en los medios de comunicación, de que la República Dominicana tuvo, en los últimos cincuenta años, una de las tasas de crecimiento económico más elevadas de América Latina, sin que esto se reflejara en mejora de sus niveles de desarrollo humano debe producir en cada ciudadano un sentimiento de culpabilidad pues, a causa de ello, una gran cantidad de niños y niñas ven frustradas sus esperanzas.

Prestarle a la educación una atención por debajo de la requerida, sobre todo a la de los niños y niñas de escasos recursos, es dejar de asumir la responsabilidad ética que tiene la sociedad dominicana con este segmento de la población en estado de vulnerabilidad.

Esta responsabilidad nos toca a todos, no sólo al gobierno, aunque también y principalmente al gobierno.

En los últimos 15 años ha ido en aumento la conciencia de la necesidad de desarrollar un sistema educativo de calidad, han habido intentos de reformas bien encaminados y se ha logrado avanzar en algunos aspectos, como es el de la cobertura, el desarrollo de algunos programas de apoyo como el desayuno y la dotación de libros escolares, la capacitación de maestros, entre otros; pero el esfuerzo necesario para lograr el desarrollo humano del país es de un calado mucho mayor al realizado hasta el momento.

Es necesario, además de mayores recursos, un uso más eficiente de los recursos disponibles; sacar la politiquería del sistema educativo; dotar al maestro de más protección, autonomía y prestigio para que pueda realizar una labor profesional orientada por los mejores conocimientos pedagógicos, psicológicos y sociológicos para responder adecuadamente a las necesidades específicas del grupo de estudiantes y de la comunidad a la que sirve.

Es penoso constatar que el debate de estos temas de tanta relevancia para el futuro del país ha estado ausente en la presente campaña electoral.

Es imperativo que en el próximo gobierno, no importa quien sea el presidente, la educación sea el eje central de las políticas públicas en materia de competitividad, de combate a la pobreza, de desarrollo de una mayor cohesión social y del fortalecimiento de nuestro desarrollo institucional. Sólo así, los niños y niñas dominicanos tendrán esperanza de un futuro mejor.
Radhamés Mejía es educador

Carta a Johnny Ventura.


Señor Ventura:
Le admiro desde pequeño. Su música me ha dado más de un placer. No cometo sacrilegio si digo que prefiero uno de sus merengues a alguna canción de Luís Miguel, Juanes o cualquier artista de moda. "Merenguero hasta la tambora" es una de mis favoritas, define fielmente por donde comienzan mis gustos musicales. Juan Luís Guerra, Sergio Vargas, Pochy Familia y usted constituyen mi cuarteto favorito.

No sólo admiro sus dotes artísticas. Admiré siempre su valor de comprometerse públicamente con una causa. Su carrera musical nunca fue obstáculo para que defendiera a capa y espada su amistad con José Francisco Peña Gómez y la militancia en el Partido Revolucionario Dominicano. Esa hermandad con el más puro de los dominicanos del siglo pasado lo colocaron como Alcalde de Santo Domingo.

En honor a la verdad, coincido con usted en que el Partido Revolucionario Dominicano esta secuestrado. Concuerdo con usted en que los fines del candidato no se parecen a la misión histórica de la organización. Igual que usted creo que el abanderado del PRD carece de ideas, ideología e ideales. Su entorno no busca lo mejor para la Patria, simplemente quieren, para usar sus propias palabras, "el poder, por el poder, para poder".

Como usted, pienso que ir al gobierno a destajar el Estado y disminuir la moral patriótica de los ciudadanos constituye una traición a José Francisco Peña Gómez. Considero una deshonra para la memoria de nuestro glorioso líder, ocultar los símbolos del partido o avergonzarse de la militancia partidaria. Paradójicamente, quienes hoy esconden esos símbolos y muestran vergüenza por ellos, son quienes mas nos han avergonzado (Marbella y el escándalo de Panamá apenas son una muestra).

No sólo eso es una traición a Peña. También es traición hacer causa común con quienes llegaron al extremo de negarle hasta la condición de humano. Constituye una traición a su memoria, respaldar a quienes orquestaron la campaña más ominosa, calumniosa y rastrera que se haya hecho jamás contra un ser humano (me llevare a la tumba la imagen de un león engulléndose un mono, en franca alusión al patriota más puro que haya parido la democracia dominicana: José Francisco Peña Gómez).

Se traiciona a un líder cuando se niega su legado ideológico, arrimando el hombro a quienes nunca pensaron, ni actuaron, ni pensaran, ni actuaran jamás como él. No me imagino a Peña Gómez justificando 5,000 millones de pesos al año en nominillas, bajo el argumento baladí de que se cae el gobierno. No me imagino a Peña Gómez, comprando conciencias para conseguir un objetivo electoral. No, Johnny Ventura, tampoco me imagino a un prócer como Peña Gómez levantándole el brazo a un presidente ineficiente, corrupto y simulador como Leonel Fernández.

Como demócrata a carta cabal respeto su derecho a respaldar la candidatura que crea conveniente. Sin embargo, como duartiano, peñagomista y perredeista todavía no he logrado entender su paso. Mucho menos, asimilo la idea de que lo haya dado sobre la base de buscar coincidencias entre el Leonel Fernández hambriento de poder y el desprendido José Francisco Peña Gómez, lleno de amor patrio.

Señor Johnny Ventura, soy un convencido de que nadie está obligado a apoyar una candidatura en la que no cree, máxime cuando ella es la negación de los principios e ideales que dieron origen al partido que la sustenta. Sin deseos de ofender, considero que una postura más digna, viniendo de un antiguo símbolo del PRD como usted, hubiese sido abstenerse de participar en el proceso.

Quienes tenemos fé en el futuro, quienes somos la esperanza del partido y de la nación debemos estar preparados para combatir a muerte a la mafiocracia que secuestra la Patria. Tengo el convencimiento que el resultado del 16 de mayo será punto de partida para la reconstrucción de la Patria.

Señor Ventura, desde mis 29 años de edad le digo que la mafia va a caer el 16 de mayo. El pueblo sabrá cobrarle en las urnas, todo el escarnio al que nos han sometido. Y si no termina de caer, debemos estar preparados para derribarla, barrerla, pulverizarla. Mas temprano que tarde, Caballo Mayor, Juan Pablo Duarte y los Trinitarios, de la mano de Bolívar, harán su entrada triunfal al PRD.

Pronto veremos en el PRD la lucha de la esperanza contra el miedo, del futuro contra el pasado. Desafortunadamente, usted, con su decisión de apoyar a un Presidente que es la negación de Peña Gómez y de los anhelos de desarrollo ciudadano, ha decidido huirle a lo peor, para aliarse al miedo.

Señor Ventura, el PRD está a la puertas del nacimiento de una nueva mayoría que reasumirá el proyecto trinitario como bandera y que honrará con su lucha el sueño sagrado de José Francisco Peña Gómez: una Patria digna, libre, altiva, soberana en la que cada ciudadano y ciudadano tenga garantizado salud, vivienda, educación y empleo.

Señor Ventura, debo confesarle que me entristeció verle respaldar a Leonel Fernández. Me lastimó verle huir sin dar la batalla. Me llenó de ira e indignación escucharle comparar a un enano condenado al zafacón de la historia como Leonel con un gigante que irradia luz propia como José Francisco Peña Gómez.
El domingo pasado perdió usted un admirador.

En el discurso de Angostura Simón Bolívar dijo: "El que tenga Patria que la honre; quien no la tenga que luche hasta conquistarla."

Usted, con su actitud, decidió huir cobardemente. Peña Gómez nunca hubiese huido.
Huir, como usted lo hizo, es traicionar a Peña.

Quienes somos la esperanza y constituimos el futuro del PRD, hemos decidido quedarnos y luchar hasta conquistarlo. No se si será posible. Si se que es imposible no luchar por eso.

He escrito con el corazón. He dicho verdades, que sé, levantaran ronchas.
No me importa. Con la verdad ni ofendo, ni temo.

Estoy preparado para enfrentar cualquier represalia, por decir lo que pienso, desde la honestidad y el amor por mi Patria y por mi partido.

La verdad es deber sagrado.

Otro PRD es posible.
Otro país es posible.

Juan Carlos Guerra B.
Vicepresidente PRD.
06 de Abril de 2008.
09 y 41 p.m.

Sin temor ni favor

Por Luis H. Arthur S. / El Caribe
Martes 8 de abril del 2008 actualizado a las 12:26 AM
A engatusarlos

Cuando un candidato viaja al exterior en busca de los votos de los dominicanos ausentes, este se cubre sus gastos, se lo paga el partido o se agencia donaciones para hacerlo.

Cuando un Presidente en funciones, candidato a reelegirse hace lo mismo, ¿quién cubre sus gastos? ¿El partido, él personalmente, encuentra patrocinador o gasta el dinero de todos nosotros?

Nuestro Presidente viaja desde hace varios días por EE.UU. tratando de conquistar la mayoría de los cerca de 150 mil inscritos en el padrón electoral para su proyecto reeleccionista.
Los Dominicanos ausentes en su gran mayoría viven fuera porque gobiernos como el de él les han negado el trabajo, el desarrollo y la vida en el suyo.

Gobiernos como los de Fernández que se lleva la corona, o Hipólito y Balaguer, han usado el dinero del pueblo para enriquecerse, para mantener marginada a la mitad de la población, y limitando el desarrollo y disfrute a muy pocos.

Se han tenido que refugiar en países extraños a sus costumbres, con idioma distinto y clima extraño.

Países más organizados, donde hay mucha más transparencia, más justicia, más orden, donde un gobernador como el de New York tiene que renunciar por algo tan simple como estar en un motel con una prostituta.

Nuestro Presidente estará contándoles cuentos de hadas en su hablar bonito y su lenguaje demagógico y mentiroso.

Les estará haciendo promesas de quiméricos retornos, cuando está despilfarrando el dinero del progreso, la educación y la salud, en pagar nominillas, en hacer metros faraónicos, en contratos ilegales como el de la Sun Land, mientras los apagones se multiplican, y la expectativa eléctrica es negra, los precios de la canasta familiar suben y suben, y también la ilegalidad de los 12 años de Balaguer, donde toda marcha es fuertemente reprimida y el derecho a hacerlas, que es constitucional, está conculcado.

Los dominicanos ausentes sienten grandes nostalgias por su tierra, sus familiares, amigos y recuerdos, pero también han visto otra forma de gobierno, que usa los recursos no para enriquecerse, ni comprar lealtades y destruir partidos, pues eso trae necesariamente dictadura, que es lo que vendrá con su reelección.

No se dejen engatusar, los quieren seguir usando y nada más.