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Opiniones y Editorial

La columna de Miguel Guerrero




La columna de Miguel Guerrero.


Definitivamente, el presidente Fernández no estuvo en su mejor momento en la entrevista concedida esta semana a un programa muy popular de televisión.

Se extendió en vanas y abrumadoras consideraciones retóricas para justificar su cambio de opinión respecto a temas tan fundamentales como la reelección, llegando a declarar incluso que no se trata de un asunto de principios.

Y no fue tampoco convincente en su esfuerzo por remediar la mala impresión que en amplios círculos sociales produjo su previa proclamación como heredero histórico del balaguerismo, con lo cual había de hecho abjurado de su lealtad al boschismo, es decir, el conjunto de doctrinas y planteamientos que resumen el pensamiento de Juan Bosch, fundador del partido al que pertenece.

Las partes más desafortunadas de esa comparecencia se refieren, sin embargo, a tres cuestiones mucho más sensibles relacionadas con las posiciones asumidas por el Gobierno sobre acontecimientos recientes.

Su intento de descalificar el trabajo acerca del desaguado de la presa de Tavera por una comisión de personalidades de Santiago con argumentos tan baladíes como ese de quién les habría autorizado para esa tarea, no pudo ser más desafortunado y ofensivo para esa importante región del país.

Su insistencia en restarle méritos al asombro nacional por el escandaloso caso del contrato con la Sun Land, que envuelve 130 millones de dólares, y presumirlo como un asunto cerrado, sin esperar el fallo de la Suprema Corte, es simplemente incomprensible.

Igual resulta la forma despectiva con que trata y se refirió a sus oponentes, a los que no se digna siquiera mencionar por sus nombres, en la ilusa pretensión de que la supuesta superioridad intelectual que se le atribuye le sitúa en un plano por encima de los demás. Alguien de su entorno le prestaría un favor recordándole que también él es humano.

Pulsasiones


PULSACIONES.



POR RADHAMÉS GÓMEZ PEPÍN.


Puede estar seguro el presidente Leonel Fernández de que en nada favorece a su lucha reeleccionista lo que dijo ayer en el programa de César Medina con respecto al desastroso desagüe de la presa de Tavera.


El Presidente cuestionó hábilmente la calidad de profesionales calificados, ignoró el informe de la Comisión de Santiago que ellos integran y preguntó quién la había designado. Exactamente los mismos argumentos inconsistentes de los políticos que lo apoyan. Creo que la Comisión nació del seno de Santiago como respuesta al grupo investigador designado por el Poder Ejecutivo y que encabeza el secretario de las Fuerzas Armadas.


Esa comisión oficial todavía no ha dicho ni pío con respecto a lo que ha hecho en dos meses que tiene de designada y la de Santiago, que nació días después, ya divulgó un informe que nadie ha podido rebatir profesionalmente.


¿Quién designó esa Comisión santiaguera? Los mismos que, en otras circunstancias, se han ido agrupando al través de la Historia para defender sus intereses y hasta para representar a personas y grupos con los cuales nunca han consultado.


Los mismos fundadores de La Trinitaria a nadie consultaron para luchar por lo que luchaban, y todos sabemos que encontraron pleno respaldo para sus afanes independentistas, y se inmortalizaron.


Nada nuevo estoy diciendo al recordar que las comisiones designadas desde el Palacio Nacional han estado desacreditadas desde hace largos años, porque casi ninguna ha cumplido con lo que se puso a su cargo.


De hecho, el pueblo sospecha que cualquier asunto encargado para investigar a una comisión oficial, va para el zafacón.


Y eso ha sucedido con la designada para determinar lo que se hizo en Tavera y que costó no sólo la pérdida de centenares de millones de pesos, sino un número indeterminado de muertes, pero cerca de las cien.


Entonces por eso es que surge la Comisión de Santiago, porque esa ciudad tiene entre sus habitantes la capacidad suficiente para hacer el trabajo que hizo, contrario a lo que sucedió en Jimaní, en donde hace años las aguas desbordadas causaron algo similar o peor que lo de Santiago...y como si nada.


Es evidente que los santiagueros no querían que se repitiera con ellos, en 2008, la amarga experiencia de Jimaní en 2004 y por eso se sienten bien representados en la Comisión.


¿Que hay políticos en ella? ¿Y qué? ¿Cuál es la parte política de su informe? ¿Se ha gastado alguien en el Gobierno siquiera un tiempecito para leerla?.


Seguro que no. Es mejor coger por la tangente, utilizar recursos para divulgar necedades y tratar de que el tiempo lo borre todo. Ahora, sin embargo, tengo la seguridad de que no sucederá de esa manera.


Sin olvidar que no todo termina el 16 de mayo ni el 16 de agosto. A lo mejor será entonces cuando comience.

Corrupción e impunidad afectan República Dominicana

El director de Aduanas sostuvo ayer que la sociedad dominicana “padece del mal de la corrupción y la impunidad en todos sus estamentos”, lo que dijo hace inviables los mejores propósitos del país.
Durante una rueda de prensa en la sede de la institución, Miguel Cocco dijo que “los que tienen dinero compran la justicia, se enriquecen vertiginosamente, violentando todo, y un pobre difícilmente puede bucear para salir, a menos que sea cómplice de un gran corruptor”. Señaló que “hay corrupción tanto en el sector privado como en el público.

Y esa corrupción del sector privado no es denunciada muchas veces con el espíritu reiterado con que se produce”.

Criticó que muchos de los que gritan corrupción en el Gobierno “son de los principales corruptores de esta sociedad, y los primordiales elementos que se abocan a reproducir su fortuna indebidamente comprando conciencia”. Enfatizó que “el sector privado compra a los funcionarios, por lo que se dan relaciones de contubernio”.
Sostuvo que se debe tomar conciencia y enfrentar la corrupción con firmeza.Las declaraciones de Cocco se produjeron luego de anunciar la realización el próximo domingo del III Maratón de la Confraternidad Aduanera.

¿Ironías, no?


POR GUIDO GOMEZ MAZARA.


Muchos dirigentes del PRD no terminan de entender la lógica de las relaciones con un segmento de la comunicación social. Desafortunadamente, la transformación experimentada en segmentos de la clase periodística dista bastante del modelo de vínculos primarios y afectivos donde el interés por una mejor nación sirvió de agenda común entre miembros de la clase política y redactores, columnistas y ejecutivos de medios.

Desde el momento en que los medios de comunicación han tenido un rol protagónico en la edificación del liderazgo y la relación masas-dirigentes se colocan en segundo plano, los arquitectos de la opinión pública replantearon sus responsabilidades, en el mismo momento en que el debate nacional perdió su contenido ideológico. Y de inmediato, el factor dinero comenzó un coqueteo terrible donde los valores estimulados desde las páginas de los periódicos, las ondas radiales y la pantalla chica expresaban un componente fundamental del negocio: lo rentable es prioritario, aunque no manifieste los elementos esenciales de la calidad.


Ningún partido entendió la importancia de la comunicación y los medios con la habilidad del PLD. Eso sí, distorsionando la opinión, comprando plumas, enriqueciendo comentaristas y rentabilizando una actividad en la que la prestancia siempre se asoció a los niveles de formación y adiestramiento intelectual. Ahora, la noción del “éxito” consiste en diseminar una red de vocingleros en todos los medios para que la multimillonaria inversión gubernamental termine en los bolsillos de reconocidos filibusteros que acceden a la nómina pública por dos vías: la de los decretos y la publicidad oficial.


Una gran parte de los programas de opinión en el país están orientados bajo una estructura de comunicación que no tiene como objetivo básico servir de correa para que la verdad llegue a la ciudadanía, sino que el componente de mayor relevancia consiste en que los juicios y valores expresan la voluntad política del que paga. Aunque el hábito no es exclusivo del la actual administración porque tanto, Andrés L Mateo, en su tesis doctoral sobre la era de Trujillo como José Cabrera, en el período 1982-86, demuestran con claridad la potencialidad de la comunicación cuando es orientada desde el poder.


Tanto Mateo desde la investigación intelectual como Cabrera en pleno ejercicio público resultan incomparables a las demostraciones dadas por el gobierno del presidente Leonel Fernández. Puedo dar testimonio que con el precedente en materia de inversión en ese sector durante el período 1996-2000, el principal argumento presentado contra la administración de Hipólito Mejía consistió en que el último no hacía manifestaciones de dispendio con la prensa y esos demonios se soltaron frente a la “taqueñería” del gobernante 2000-2004.


Con Miguel Vargas acontece algo muy interesante en medio de la actual campaña electoral. Y es que el candidato del PRD, contrario a la mayoría de los funcionarios de la administración 2000-2004 cultivó buenas relaciones con exponentes de la prensa adversos al partido blanco. No quiero anatemizar aquí la condición de “críticos o cuestionadores” porque es saludable para los partidos tener gente en los medios con un alto sentido de hostilidad constructiva. Ahora bien, lo innegable es que una parte importante de la gente que desde la comunicación social mantiene pasiones desbordadas contra el PRD está vinculado a dividendos jugosos originados en las arcas públicas. En algunos casos, las críticas contra el partido blanco son muy rentables.


Ahora que el candidato del PRD recibe alusiones, provocaciones y calumnias desde litorales considerados amigos o afines en el orden personal, se hace necesario resaltar cómo los modelos de relación primaria entre el candidato y comunicadores enemigos de su partido se quedan en el ámbito de lo privado en el momento que, en el interés coyuntural, está pautado por la rentabilidad del oficio y la obediencia al que le paga.



No lo hago como un acto de satisfacción personal porque el tiempo se encargó de ser mi mejor aliado. Lo que mantengo fresco en mi memoria son mis conversaciones con muchos funcionarios de la administración Mejía a los que cuestionaba su capacidad en entenderse con los enemigos nuestros. Muchos se hacían de la vista gorda porque entendieron que los ataques por recaer en mí nunca se tornarían contra el interés de todos. Ahora son muchos los que me dan la razón.


Ahora bien, tuvimos que esperar tanto tiempo para darnos cuenta. ¿Ironías, no?